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Experiencias al recuperar información de un disco duro dañado físicamente

Autores: Steve Burton, Rob Fenwitch | Fuente:OpenClipArt | Licencia: CC0 1.0

Hace un año, a un familiar se le cayó un disco duro externo al suelo y, como es de esperar ante una situación así, el disco duro dejó de funcionar. Ante la frustración de perder información de carácter personal contenida en él, pero sin ser de vital importancia como para acudir a una empresa de recuperación de datos y desembolsar al menos tres cifras en los tiempos que corren, acepté el reto personal de ver lo que era capaz de recuperar en cuanto tuviese algún rato libre.

Lo primero fue conectar el disco duro a mi portátil. ¡Sorpresa, sólo podía ver el directorio raíz! Aproveché entonces para bajarme una multitud de programillas que presumen de recuperaciones imposibles de discos duros, tanto de borrados accidentales como de sistemas de ficheros corruptos, sectores defectuosos, etc… Estaba claro que el problema no era lógico, pero como cuando el disco duro cayó estaba encendido igual las agujas escribieron en sectores que no correspondía o bien los dañaron, cosa que puede pasar y que cualquiera de estos programas solucionaría en un plis plas.

Después de utilizar estos programas el disco duro a veces hacía un ruido tipo «clac clac», y a través del puerto USB el disco duro ya no era reconocido por el sistema operativo (Windows 7 concretamente). Procedí entonces a desmontar el disco duro externo. No había que quitar tornillos, simplemente romper cuidadosamente la carcasa para aún no dañar más el disco hasta descubrir al paciente de 500GiB. Os aconsejo encarecidamente que, si adquirís un disco duro externo, compreis una carcasa universal (las hay tanto firewire, como USB o SATA) y el disco aparte. De esta forma cambiar el disco duro por otro, o acceder a él en caso de necesidad por desastre es más fácil y cómodo, sin contar que si esta no sufre daño alguno os ahorrareis el precio de comprar otra nueva.

Cogí el disco y lo metí en la torre de mi PC conectándolo directamente a través de SATA. Windows seguía sin reconocerlo, pero en Debian ya era otro cantar: Configurando el fstab para montar el disco duro sólo en modo lectura, conseguía reconocerlo, aunque enseguida aparecían errores de lectura al acceder al directorio raíz del disco.

Analizando cuidadosamente el disco duro, estaba claro que daño físico en la circuitería del disco no había. Por el «clac clac» que hacía en disco y al tocar su superficie funcionando se percibía las vibraciones típicas provocadas por el giro de los discos. Si el daño era físico en los discos o en las cabezas, no hay forma de acceder a ellas ya que una vez abierto y reparado al cerrarlo no quedaría al vacío y se perdería el efecto Winchester. Hacer funcionar el disco así lo más probable es que las agujas bailen hasta terminar de destruir la poca información recuperable que quede.

Al final lo envasé bien pero no al vacío, y fue directo al congelador unas cuantas horas. Está más que demostrado que el hacer esto, con el disco correctamente aislado de humedad y condensación, las partes mecánicas internas deformadas, recuperan parte de su firmeza dejando un margen de minutos o incluso horas en los que el disco funciona y es posible volcar, al menos, los datos críticos a otro medio. Pero ni aún así funcionaba…

Con la frustración tras tantos intentos fallidos, se me dió por golpear de forma controlada la parte superior del disco un par de veces. Al encender el equipo de nuevo hizo «clac clac» y después nada. Probé y ¡hubo suerte! Pude acceder a los distintos directorios y copiar la información de mayor relevancia… ¡durante un par de minutos! Luego ya surgían los errores de lectura y tenía que apagar el ordenador y repetir el proceso de nuevo. Después descubrí que si volteaba el disco tras golpearlo el margen de tiempo de funcionamiento correcto del disco duro aumentó oscilando entre los 5 y 10 minutos, un margen superior que te da la vida sobre todo al copiar directorios que contienen otros directorios y multitud de fotografías.

El caso, es que, tras armarme de paciencia y, poco a poco ir copiando mientras en cada iteración el disco leía la información correctamente, conseguí recuperar casi todos los datos importantes.

El procedimiento descrito anteriormente no tiene nada de ortodoxo, pero funcionó perfectamente tras experimentar con el disco dañado físicamente en su parte mecánica. Compartir mi experiencia con vosotros es para que, en el caso de que esteis en una situación similar, con paciencia e ingenio existen posibilidades de salir del paso si:

  • No tenemos las herramientas de las empresas dedicadas a la recuperación de datos.
  • Los datos son valiosos pero no lo suficiente como para pagar 800€ o más por recuperarlos.


Publicado enArtículosHardwareRecuperación de datos